Después de estos continuos gobierno-ataques, con sus respectivas narco-respuestas, parece que la Nación representada en la Cámara de Diputados y Senadores tendrá que generar trabajo de alternancias legislativas para poder lograr un cambio que calme las aguas tan agitadas; aquí esta un Fragmento de cómo la sociedad parece siempre estar por encima de la poca visión legislativa y como esta arrastrara la legalización de las drogas encontrando una salida a este encuentro sin necesidad de esas vidas que Calderón pronostica que se perderán:
Daniel afirma: “Las grandes corporaciones controlan todo en Estados Unidos actualmente. Pero en mi industria aún podemos agrupar a unos cuantos individuos e innovar como sólo los yankees sabemos hacerlo, tal y como hicimos en los albores de la historia de esta nación. En realidad es algo sumamente hermoso”. El negocio al que hace referencia Daniel es el de la marihuana medicinal, el nuevo y grandioso horizonte que ha comenzado ha desplegarse en California durante los últimos años (debido a que algunas de las operaciones de Daniel podrían seguir inmersas en la ilegalidad, su nombre, así como otros detalles, han sido alterados para proteger su identidad).
Contrario a lo que suele pensarse, la marihuana medicinal no se administra exclusivamente a pacientes seropositivos o con cáncer: los estatutos de salud asociados con la Proposición 215 (de Estado Unidos), esa innovadora ley aprobada hace 10 años, legitima el uso de hierba en todos aquellos que “padecen alguna enfermedad para la que la marihuana supone un alivio”. Mucha gente responde a esta categoría, y el negocio es próspero para aquellos que se ganan la vida atendiéndola: protectores compasivos y solícitos, luchadores sociales, botánicos enamorados del arte del cultivo, oriundos de los barrios de Long Beach, los chicos malos de la región del Valley, matones de Oakland e incluso una chica muy sabihonda que quiere que sus amigas vendan marihuana en empanadas. Pero, como en todo negocio relacionado con las drogas, el elemento criminal persiste, bodegas para ocultar el producto, cajas fuertes, buscavidas que nunca pierden oportunidad para robar las bodegas o las cajas fuertes, armamento para protegerse de los buscavidas, el constante riesgo de ser sorprendido por la ley...
Daniel afirma: “Las grandes corporaciones controlan todo en Estados Unidos actualmente. Pero en mi industria aún podemos agrupar a unos cuantos individuos e innovar como sólo los yankees sabemos hacerlo, tal y como hicimos en los albores de la historia de esta nación. En realidad es algo sumamente hermoso”. El negocio al que hace referencia Daniel es el de la marihuana medicinal, el nuevo y grandioso horizonte que ha comenzado ha desplegarse en California durante los últimos años (debido a que algunas de las operaciones de Daniel podrían seguir inmersas en la ilegalidad, su nombre, así como otros detalles, han sido alterados para proteger su identidad).
Contrario a lo que suele pensarse, la marihuana medicinal no se administra exclusivamente a pacientes seropositivos o con cáncer: los estatutos de salud asociados con la Proposición 215 (de Estado Unidos), esa innovadora ley aprobada hace 10 años, legitima el uso de hierba en todos aquellos que “padecen alguna enfermedad para la que la marihuana supone un alivio”. Mucha gente responde a esta categoría, y el negocio es próspero para aquellos que se ganan la vida atendiéndola: protectores compasivos y solícitos, luchadores sociales, botánicos enamorados del arte del cultivo, oriundos de los barrios de Long Beach, los chicos malos de la región del Valley, matones de Oakland e incluso una chica muy sabihonda que quiere que sus amigas vendan marihuana en empanadas. Pero, como en todo negocio relacionado con las drogas, el elemento criminal persiste, bodegas para ocultar el producto, cajas fuertes, buscavidas que nunca pierden oportunidad para robar las bodegas o las cajas fuertes, armamento para protegerse de los buscavidas, el constante riesgo de ser sorprendido por la ley...

No hay comentarios:
Publicar un comentario