lunes, 14 de mayo de 2007

El Paradigma del Estado Liberal

En los sistemas de gobierno democráticos subsisten tres formas de poder complementarios, según lo idearon Montesquieu y los autores de El Federalista. Pero existen otros tres tipos de poder que poco tienen que ver con la separación funcional del poder soberano. Estos son el poder económico, ideológico y político. El poder político representa el Estado y los otros dos al No-Estado o la sociedad civil. Cuando los tres poderes se unen y funcionan juntos, como si fuese un solo poder, obtenemos un Estado totalitario, es decir, un Estado que sirve para imponer la voluntad de quien o quienes controlan estos tres poderes. Pero, a veces, puede ser que sólo dos esferas se unan; como por ejemplo el ideológico y el político y dependiendo de la intensidad será un Estado teocrático o uno un tipo de Estado que confiesa una única doctrina, como es el Estado hobbsiano. En sentido contrario, la separación de estas esferas constituye el Estado laico y limitado o sea “el gobierno de las leyes”.

Como decía, la separación de estas esferas constituye el respeto a las libertades individuales; esto es el Estado limitado en poderes. En los últimos días hemos visto la gran maquinaria con la cual funcionan las asociaciones religiosas y de como éstas influye en una parte del Estado y afectan al Gobierno.

El poder ideológico –ya sea religioso o de otra índole– no debe ser un fin por sí mismo en las democracias liberales. El Estado mexicano no es un Estado eudemonológico que busque para sus súbditos la felicidad tanto terrenal como ultraterrenal, ni mucho menos es un Estado confesional que cobije a los fieles de una religión oficial y condene a los herejes. La esfera ideológica puede ser un medio pero jamás debe imponerse al Estado abarcándolo de manera absoluta, cómo algunos políticos desean y que todavía osan cínicamente de llamarse demócratas respetuosos del Estado de derecho que al mismo tiempo vulneran.

Es totalmente absurdo que, en la era de las democracias liberales, que alguna religión quiera imponer una doctrina y determinar que es el bien y que es el mal. Estas imposiciones destruirían la pluralidad y disenso que caracteriza a la Democracia en un sentido normativo. Por lo tanto, en estas tres esferas debe existir una sana distancia y un equilibrio cuya misión es del Estado laico y en cierta medida abstemio en el poder económico, pero con el poder político necesario para mantener la cohesión y evitar que cualquier poder quiera sentirse superior al político.

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