viernes, 4 de mayo de 2007

JULIO DOS: El IMPASSE DE LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA
Fernando Joaquín Monroy Cárdenas
joaquinmonroy4@yahoo.com.mx


I

En el brillante libro “El Futuro de la Democracia” (1984), Norberto Bobbio propone una definición mínima de lo que es la Democracia, y dice que es “el conjunto de reglas que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo que procedimientos”[1]. Estas dos dimensiones, el quién y bajo que procedimientos faltaría agregar el que cosa, es decir, la dimensión utópica de Democracia sustancial, pero para ello primero debemos transitar por la Democracia procedimental.

Las elecciones son uno de los pilares de la Democracia representativa, y son el medio más idóneo por el cual queda constituida la voluntad y la acción representativa del pueblo. En suma, las elecciones son el instrumento técnico necesario y el primer paso para la formulación de la regla de la mayoría y de las decisiones colectivas en beneficio de la mayoría con los límites respectivos de la protección de las minorías.

Empero, las elecciones no son condición suficiente para una auténtica Democracia. Podemos decir que, puede haber elecciones sin representación política. Una elección directa del pueblo por sí misma no origina un mandato representativo efectivo entre la autoridad electa y los ciudadanos; por ende deben existir precondiciones que entrelacen las elecciones con la Democracia.

Entonces, las elecciones son un instrumento pero no es un fin en sí mismo para la Democracia, sino que sólo es un paso en la Democracia procedimental. Son a través de las elecciones donde las autoridades quedan investidas, por la soberanía depositada en el pueblo y el pacto social instituido en la Constitución y las leyes. El Estado moderno debe ser, por tanto, el Gobierno de las leyes. En contraste, el Proceso Electoral de 2006, se vio plasmado de una manipulación sigilosa de la ley, acercándose más al gobierno de los hombres que al de las leyes.

El origen de la Democracia [liberal] se explica por el desarrollo del iusnaturalismo dado que, por medio del voto libre y universal, los individuos eligen a un individuo que los represente políticamente[2], pero materialmente, y el caso particular de México los ciudadanos votan por organizaciones partidistas; el andamiaje electoral así lo dispone. La política se administraba clientelar y corporativamente, y hasta antes de 1997, el corporativismo iba en un solo sentido; hacia el Partido hegemónico. El sistema político mexicano se consideró como un sistema autoritario de Partido hegemónico y la representación de intereses era a través del partido “heredero absoluto” de la Revolución de 1910. Sin embargo, en la actualidad y ante la transición hacia la Democracia, es claro que la, Representación de intereses particulares se canaliza en distintos sentidos, ubicados estos, en micro-poderes.

Las antiguas corporaciones aliadas al Partido hegemónico cobraron fuerza y autonomía, ello en parte por la liberalización económica, “a partir de las privatizaciones y desregulaciones”[3], destacando las organizaciones empresariales como el de la televisión[4], y en cierta medida pero menos influyente son las organizaciones de trabajadores y campesinos, no así para el peso especifico de sus dirigentes que controlaban y siguen controlando a dichas organizaciones, y finalmente la iglesia católica con fuerte presencia, aunque ilegal, en la vida política del país.

En el pasado proceso electoral hemos sido testigos de la gran maquinaria que se gestó entorno a una causa específica; Evitar, por la manipulación de la ley, la llegada al poder Ejecutivo de una corriente ideológica con un programa de gobierno lacerante para diversos grupos de interés empresarial y gremial. Fue entonces, cuando el poder de la mediocracia se hizo presente y hasta visible.


II


Una característica de la Democracia, en el Estado de Partidos, es la posibilidad efectiva de Alternancia partidista. No obstante, tanto puede haber elecciones sin representación, como también; alternancia sin democracia y, a la inversa, democracia sin alternancia. El andamiaje institucional debe proveer los mecanismos y reglas para transitar de Partido a Partido en el Gobierno sin que ello implique la desestabilización política o económica, este andamiaje es el que garantiza la posibilidad de alternancia. En consecuencia la alternancia no es un síntoma de la conquista del paraíso democrático.

La dinámica del cambio institucional en materia electoral ha sido para desarrollar la institucionalidad de los procesos electorales y el aumento de la legitimidad de las autoridades de elección popular. Pero no por ello se garantizaba la eficiencia de las autoridades, lo que también es causa de una desafección por la Democracia.

El fraude declarado de las elecciones presidenciales de 1988 fue el aliciente urgente para las reformas electorales, teniendo como un cenit la reforma de 1996. La presión de los Partidos políticos y de la movilización social permitió una autonomía relativa de las instituciones electorales y la separación entre la autoridad administrativa y la jurisdiccional electoral, así como la introducción del COFIPE y de una nueva ley de medios de impugnación.

La fuerza de la presidencia imperial caminaba hacia un declive meta constitucional, demostrando su debilidad creciente con la perdida de la mayoría en la Cámara de Diputados del Partido en la Presidencia, en 1997. El fenómeno de los Gobiernos Divididos acentuaba una desconcentración del poder político nacional, además, la oposición comenzaba a fortalecerse obteniendo alcaldías, gobernaturas y diputaciones y senadurías de mayoría. Entonces el Estado de Partidos entraba a un sistema de partidos competitivo por las reformas de los mecanismos electorales, y fue entonces que “los Partidos Políticos ya eran protagonistas insustituibles, verdaderos centros de gravedad de la negociación, el disenso, el debate y el acuerdo de las cuestiones nacionales medulares”[5]. El primer paso a la Democracia procedimental estaba dado.

Esta desconcentración del poder se da ante dos eventos que debemos distinguir. Uno es el de la Liberalización política que permite limitar el poder político, bajo el principio de legalidad, (a la liberación política también debe ser separada de la liberalización meramente económica) el otro evento es el de la Democratización que refiere al principio de derecho que tiene que ver con el aumento de la autonomía política de los individuos en sus decisiones y la participación política[6]. La Liberalización política la ubicaré, cronológicamente, a partir de 1977, y la Democratización, que no ha sido una acto de voluntad de la autoridad, a partir de 1988.

La tendencia de la liberalización política fue motivada por la supervivencia del partido hegemónico. Los liderazgos locales de aquél partido, sumieron en una debilidad de cohesión de los miembros del partido (sólo hay que recordar las fuertes divisiones al interior del partido hegemónico principalmente la Corriente Democrática), y cuando se dio el paso de la democracia intrapartidista, para las elecciones presidenciales del 2000, la historia de los presidentes “herederos” de la Revolución llegaba a su fin. Así pues, la combinación de Liberalización política y Democratización causó el descontrol del poder político del Partido hegemónico.

En un análisis más profundo de la liberalización política, las reformas electorales fueron de cambio y continuidad. Las reformas electorales hicieron de catalizador del descontento social que tuvo como reactivos las elecciones fraudulentas de 1988, el levantamiento indígena Zapatistas y el lacerante descontento social de las desregulación del Estado y la apertura comercial como consecuencia de la liberalización económica.

El sistema de partidos se modernizaba y entraba al sistema competitivo electoral de la Democracia procedimental, pero el legado priísta del sistema electoral no cambió sustancialmente. Si bien, la autoridad electoral, los procedimiento electorales y el sistema de medios de impugnación elevó la confianza en el electorado y en los Partidos de oposición, sobre la competitividad de las elecciones, la legitimidad y legalidad auténtica de las autoridades electas, pero paso desapercibido que el sistema electoral, que en sustancia seguía siendo el de la reforma de1977, potencialmente beneficiaría al Partido Dominante (ya no Hegemónico).

Había reformas electorales desde la primera Ley Electoral promulgada en Diciembre de 1911, pero sustentadas en la lógica de proteger la Revolución identificada primero en el PNR y luego en la figura del Ejecutivo Federal. El espíritu de las leyes electorales desde 1977 fue para propiciar una pluralidad partidista de fachada. El legado al que mencioné más arriba es el sistema proporcional de elección de las diputaciones y senadurías, que no ofrecen ningún incentivo para la formación de coaliciones de gobierno, propiciando que un partido tenga la posibilidad de gobernar sólo. El sistema proporcional fue concebido en el ánimo de dar espacio a la oposición, pero sin amenazar la mayoría absoluta en los escaños de las dos Cámaras. El sistema abonó al nacimiento de nuevos partidos, pero fragmentó al electorado e inhibiendo en él un voto efectivo y estratégico.

Además del sistema proporcional, también fue el de la reelección. La reelección del presidente de la república terminó con la experiencia del Porfiriato. La Constitución de 1917, la consagró como principio y protección de la Democracia. No obstante la reelección persistía en las Diputaciones Federales y Locales, así como de los Gobernadores y de los presidentes municipales, hasta 1918 y consecuentemente en las elecciones locales de 1933. La no reelección permitió la centralización de la política y la lealtad en el Partido Hegemónico, que controlaba, con ello el ascenso y descenso de las carreras políticas.

Esta situación cambió en el proceso electoral del año 2000. La combinación de una coyuntura, la falta de cohesión partidista al elegir el candidato presidencial priísta; el tipo carismático del candidato opositor del PAN y; el avance de la oposición, influyeron e un voto estratégico y efectivo que arrebató al PRI el espacio más significativo del poder político en México, en el año 2000. Los mecanismos diseñados para beneficiar al PRI terminaron beneficiando a sus opositores por una mera coyuntura. Así lo mantenía en hipótesis Laurence Whitehead, desde 1994 y 1996 cuando presentó en la revista “Política y Gobierno”, que “un partido que surge de la oposición democrática también aprovecha las oportunidades creadas por la liberalización política y que luego se alterna en el gobierno”.[7]

Por supuesto que la alternancia partidista en las elecciones Presidenciales del 2000 no culminó la Transición a la Democracia. El aporte de Robert Dahl, en sus dos libros “Un Prefacio de la Teoría Política” (1956) y de “La Poliarquía” (1971), dio un paso en las condiciones de la Democracia procedimental. Pero más recientemente, en la década de los ochenta, Norberto Bobbio y Michelangelo Bovero sumaron dos condiciones para acercarse a una auténtica Democracia que la mera procedimental.

Estos dos autores italianos plantean algunas reglas que son precondiciones a la Democracia, proponen seis reglas universales procedimentales, y en la última regla universal procedimental va en el sentido de la salvaguarda de la propia Democracia, y dice que “ninguna decisión tomada por mayoría debe limitar derechos de la minoría, particularmente el derecho a convertirse en mayoría en igualdad de condiciones”[8]. Bovero, en cambio señala otra precondición de la democracia en la cual plantea que “cada voto es resultado de una decisión individual, libre de condicionamientos materiales y morales que podrían anular la posibilidad y la capacidad misma de selección de los individuos”[9], esto es que, ninguna decisión que se tome bajo presión y/o amenaza es en algún modo una decisión racional ni mucho menos libre.

La transición a la Democracia no es una transición eterna, las precondiciones de la Democracia son necesarias para consolidar la legitimidad y no sólo de la confianza en los procesos electorales sino en las autoridades electorales, la legalidad será válida en tanto se tenga esta doble confianza; en el proceso y en la autoridad que queda investida.

Desde el punto de vista de la Ciencia Política, las dos reglas de Bobbio y Bovero fueron violadas durante el proceso electoral. Tan sólo vasta observar el gasto desmedido de empresas como JUMEX, Sabritas, el Consejo Coordinador Empresarial y la Sociedad Ármate de Valor que gastaron cerca 200 millones de pesos. El CCE gastó sólo en televisión poco más de 136 millones de pesos y Armate de Valor erogó 30 millones de pesos según monitoreo de IBOPE[10].

La libertad política de los ciudadanos se vio obligada a dimitir por la política del miedo y las campañas de desprestigio. Los micro-poderes de las empresas y otras organizaciones civiles se orientaron en un solo sentido, y si bien, no se pronunciaron de manera directa por un contendiente, sí demostraron su estrategia descarada al desprestigiar a un proyecto político.

En análisis de las reglas expuestas arriba, la presión de la mayoría en el poder obstaculizó la posibilidad de alternancia, es decir, que evitó que una minoría, la Izquierda partidista, se convirtiera en mayoría y tomará el control del poder ejecutivo. Además, las campañas fascistas de odio y miedo, inhibieron un voto estratégico a cambio de un voto de miedo institucional. La coyuntura que benefició a la Coalición Alianza por el Cambio (PAN-PVEM) en el 2000, pudo haber beneficiado a la Coalición por el Bien de Todos (PRD, PT, Convergencia).


III

Por lo tanto, en conclusión puedo decir que la transición a la Democracia continua, por las reformas electorales pero se ha quedado en un impasse, detenido principalmente por que el PAN se ha convertido en Partido Dominante en el cual diversos intereses económicos, que constituyen los micro-poderes dispersos, se hayan en un solo sentido; que es el de mantener el actual sistema económico.

Entonces, tenemos que la Transición sólo se ha consolidado en la liberalización política, pero la Democratización no ha sido posible del todo en tanto, siga rompiéndose las reglas universales, como el respeto a la elaboración libre del pensamiento y el voto, así como la posibilidad de que una minoría se convierta en mayoría, así lo describe Pedro Salazar, que “cuando una nueva forma de gobierno cumple con todos y cada una de las precondiciones de la Democracia la transición ha concluido”[11], la diferencia de la Democracia procedimental y la Democracia sustantiva son estas reglas del juego.

Además, el sistema electoral debe permitir otras formas de democracia directa, como la elaboración de las listas plurinominales en boleta abierta pero bloqueada, para la constitución de la representación proporcional, o la posibilidad de la reelección en los cargos que evitara el monopolio condicionado de los partidos en el ascenso de las careras políticas.

La misión histórica es la lucha por la Democratización política en beneficio de una mayor autonomía del ciudadano, la consolidación de una cultura de la legalidad para constituir el Gobierno de las leyes, y dejar atrás la discrecionalidad del gobierno de los hombres. Recordemos el legado juarista de “nada por la fuerza todo por la razón y la ley”. La Democracia será, entonces, una Democracia sustantiva y el marco perfecto para realizar y canalizar proyectos políticos, sobre qué cosa queremos de la Democracia, sin que ello implique el peligro de desordenes económicos o sociales.


Bibliografía

Becerra Ricardo, Pedro Salazar y José Woldenberg, La mecánica del cambio político en México; Elecciones, partidos y reformas, Cal y Arena, Ciudad de México, 2005

Bobbio Norberto, Estado gobierno y sociedad; por una teoría general de la política, FCE, Ciudad de México, 2005, P. 163.

_______, El futuro de la Democracia, FCE, Ciudad de México, 2004.

Bovero Michelangelo, Democracia, alternancia, elecciones, Conferencia Magistral, Instituto Federal Electoral-Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Ciudad de México, 18 de Agosto de 2000, en www.ife.org.mx.

Elizondo Carlos, Benito Nacif (Comp.), Lecturas sobre el cambio político en México, FCE-CIDE, Ciudad de México, 2006.

Salazar Ugarte Pedro, Democracia Constitucional; Una radiografía teórica, FCE-UNAM, Ciudad de México, 2006.

Medios impresos y electrónicos

Garduño Roberto, Empresas gastaron casi $200 millones en campaña de desprestigio contra AMLO, diario la Jornada, Domingo 23 de Julio 2006, en http://www.jornada.unam.mx/2006/07/23/007n1pol.php

Gordillo Gustavo, Rebasar a la Derecha desde la Izquierda / I, diario “La Jornada”, 15 de Enero de 2007, en http://www.jornada.unam.mx/2007/01/13/index.php?section=opinion&article=022a1eco

Revista Nexos, La Izquierda frente al espejo de la ley (y la democracia), revista mensual, Diciembre 2005, Num. 336

__________, Elecciones: lo bueno, lo malo y lo peor, revista mensual, Agosto, 2006, Num, 344.

[1] Bobbio Norberto, El futuro de la democracia, FCE, Ciudad de México, 2004, P. 24
[2] Bobbio Norberto, Estado gobierno y sociedad; por una teoría general de la política, FCE, Ciudad de México, 2005, P. 163.
[3] Gordillo Gustavo, Rebasar a la Derecha desde la Izquierda / I, diario “La Jornada”, 15 de Enero de 2007, en http://www.jornada.unam.mx/2007/01/13/index.php?section=opinion&article=022a1eco
[4] Particularmente me refiero a la televisión pues tal es el poder de los medios que diversas teorías, como la espiral del silencio, demuestran el grado influencia que ejercen sobre los individuos. En la frase de Raúl Trejo se resume la idea de modo que si antes todos en Televisa eran soldados del PRI, ahora todos, en el sistema político son soldados de Televisa. Ver Trejo Delarbre Raúl, Saldos de la Ley Televisa, en revista mensual Nexos, Elecciones: lo bueno, lo malo y lo peor, Agosto de 2005, Num. 344. P. 40
[5] Becerra Ricardo, Pedro Salazar y José Woldenberg, La mecánica del cambio político en México; Elecciones, partidos y reformas, Cal y Arena, Ciudad de México, 2005, P. 317.
[6] Es la distinción que hace Pedro Salazar para comprender mejor la mecánica del cambio político. Es una distinción necesaria para una mejor comprensión del tema y evitar errores conceptuales; ver Salazar Pedro, Desde la incomprensión de la transición hasta la transición incomprendida; algunas lecturas del cambio político en México, P. 570; dentro del libro Becerra Ricardo, […], Ibíd.
[7] Whitehead Laurence, Una transición difícil de alcanzar: la lenta desaparición del gobierno del partido hegemónico dominante en México, P. 140, en Elizondo Carlos, Benito Nacif (Comp.), Lecturas sobre el cambio político en México, FCE-CIDE, Ciudad de México, 2006. Las cursivas son mías.
[8] Bobbio Norberto, Teoria generale della politica, Einaudi, Turín, 1999, P. 381: Citado por Bovero Michelangelo, Nuevas reflexiones sobre Democracia y Constitución, en; Prefacio al Libro de Pedro Salazar Ugarte, Democracia Constitucional; Una radiografía teórica, FCE-UNAM, Ciudad de México, 2006, P. 32.
[9] Bovero Michelangelo, Democracia, alternancia, elecciones, Conferencia Magistral, Instituto Federal Electoral- Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Ciudad de México, 18 de Agosto de 2000, en www.ife.org.mx.
[10] Garduño Roberto, Empresas gastaron casi $200 millones en campaña de desprestigio contra AMLO, diario la Jornada, Domingo 23 de Julio 2006, en http://www.jornada.unam.mx/2006/07/23/007n1pol.php
[11] Becerra Ricardo, Loc. Cit. P. 558

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